Somos locales otra vez: la marea argenta en Kansas, locura por Messi y el grito sagrado :: Olé

Un fanático chino acepta parar con Olé. Le muestra su cartel, un prolijo letrero made in ChatGPT que enfatiza: “Leo, un autógrafo tuyo sería un sueño”. Tiene 23 años y ve a Lionel Messi desde los 7. “Viajé 20 horas sólo para verlo”, dice en un inglés perfecto. Los voluntarios lo mueven unos metros: está obstruyendo la entrada VIP. Pero él sigue sonriendo porque tiene su ticket, porque va a ver al #10 en el Kansas City Stadium.
Las pantallas en forma de óvalo interrumpen su transmisión en loop. El “Kansas City”, el “FIFA World Cup”, algún fan lookeado que amerite ser ponchado. Y el foco queda en Messi, que está entrando en calor con sus compañeros. Están por dar las 7.30 PM en el Heartland yanqui pero el sol sigue pegando como si fueran las 3. La Tierra gira, sí, pero el tipo se resiste a besar el horizonte: quiere presenciar lo que miles. Al capitán de la Selección debutando en su sexto Mundial.
El Arrowhead Stadium se va llenando y con los jugadores en cancha llegó la primera ovación para el capitán argentino.
“Meeessi”. La “e” se estira. Es eterna. La reverencia también. Buena parte de esas 69.045 personas -en su mayoría tuneadas de albiceleste- le rezan a él. Estallan cuando aparece en la pantalla gigante. Mientras tanto, en la periferia del estadio de los Chiefs, la estricta seguridad ordena esa especie de colonia de hormigas albicelestes que se mueve de aquí a allá. Desde temprano, celosamente organizados, se buscó encauzar la pasión.
“¡Gate two!”, reza Diego que lleva a un ídem en su pecho. Es una camiseta en homenaje a Maradona. Camina hasta la zona de los accesos: va a ver su primer Mundial. Está emocionado, luchando con la señal 5G. Habla con su hija por teléfono. La bronca por la desconexión le dura poco. Como él hay varios. Se reúnen. Caminan por la pasarela que le da las espaldas al estadio de los Royals. Un plato volador de cemento que está a metros de la sede mundialista.
Nicolás Berardo – enviado especial Olé
En el lateral opuesto, el ingreso a las plateas queda intermitentemente interrumpida por los voluntarios. Llega Gianni Infantino rumbo al palco. Al rato, pasa la Mona Jiménez. “Estoy muy feliz de haber podido cantarle a la Selección”, le contesta a Olé antes de continuar su andar. Mauricio Macri frena, charla un rato y se dispone a acomodarse en su sector. Avanza Pat Mahomes, de los Chiefs; pasan combis negras y se corre la bola de que puede aparecer un rockstar. Amagos que incentivan la efervescencia.
Dentro de la cancha, el primer hit es el tradicional “vamos, vamos, Argentina”. Antes de los Himnos, el “vamos, vamos, Selección” gana las gradas. En las pantallas aparecen las fotos de Higuaín marcándole a Bélgica, de Tevez y su golazo a México, de Batistuta facturando ante Jamaica, de Maxi Rodríguez y su bombazo a México. De Crespo. De Diego Maradona. Y de Leo, claro. Historia viva hecha clip.
La modelo argentina antes del partido ante Argelia. Fuente: TyC Sports.
“O juremos con gloria morir”. El grito sagrado se oye desde Nueva York. Las banderas, extendidas como si se tratara de un resorte, conmueve. La gente aprieta los labios. Llora. Se conmueve. Messi ya saludó a Mahrez, ya sonrió en el túnel. Y ahora está ahí, en la sexta, buscando la Cuarta, viviéndolo como en la primera. O quizás no: queriendo disfrutar. Con un pueblo que peregrinó desde todo el mundo para estar acá. En Kansas. Con Dibu. Con Cuti. Con Scaloni. Con él. Con Argentina. Desde Tierra del Fuego y Nueva Zelanda hasta China. Y con un estallido tras el primer gol del Rey Lionel. “Que de la mano…”, explota el público argentino, se llena de ilusión, alimenta su sueño. Vale la pena.
KANSAS (ENVIADO ESPECIAL).
Fuente: www.ole.com.ar










